La Certeza de la Gracia

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agosto 3, 2025 por Pablo Braga

A veces, nos topamos con una foto, un estado, una reflexión olvidada. Hace poco, me reencontré con una de esas cápsulas del tiempo. Eran unas frases que escribí hace años cargadas de intensidad y en su momento eran más preguntas que certezas.

Comienza con una pregunta desafiante y termina con una revelación liberadora:

¿Por qué dejas que lo que te sucede justo ahora bloquee tu alegría? ¿Cómo sabes que no es para tu bien?»

Recuerdo haberla escrito desde la trinchera. Desde ese lugar donde el presente duele, donde las circunstancias aprietan y la alegría parece un lujo inalcanzable. Es una pregunta retórica y a la vez un acto radical de rebelarse contra la desesperanza.

Más que una pregunta es la decisión, casi terca, de apostar contra las apariencias. Es mirar de frente al caos —una ruptura, una pérdida, un fracaso— y susurrar: “No sé cómo, no sé por qué, pero elijo creer que esto también es para mí. Que de alguna manera, esto es justo lo que necesito en este momento”.

En ese entonces, era un acto de pura fe. Una hipótesis. Un salvavidas mental al que aferrarse para no ahogarme en el mar de la incertidumbre. Pero, ¿qué sucede cuando el tiempo pasa y esa intuición se pone a prueba?


La Revelación: Cuando el Pasado Ilumina el Presente

Aquí es donde la segunda reflexión, hija de la primera, entra en escena. Esta no nació en la trinchera, sino en la calma del mirador, años después, al observar el camino recorrido.

«Cuando eres capaz de reconocer en el presente, la bendición del dolor vivido en el pasado, entiendes que la Gracia siempre estuvo de tu lado.»

Esta frase es la respuesta a la pregunta. Es la confirmación. Es mirar atrás y ver con una claridad asombrosa la necesidad de aquel salto al vacio.

El dolor, visto en el espejo retrovisor, se revela como el cincel del escultor. Y en ese instante de comprensión, una palabra lo abarca todo: Gracia. Te das cuenta de que esa fuerza amorosa y sabia no apareció para rescatarte después de la tormenta. Estuvo ahí durante la tormenta, sosteniendo el timón, aunque tus ojos, no pudieran verla.


Tu Historia es Humo

Y esta comprensión nos lleva a la conclusión más liberadora de todas, la última parte de la segunda frase:

«Y te das cuenta de que tu historia de triunfos y fracasos es humo, es puro cuento!»

¡Qué poder hay en estas palabras! Si la Gracia estuvo presente tanto en lo que llamaste «éxito» como en lo que etiquetaste como «fracaso», ¿qué valor real tienen esas etiquetas? Ninguno. Son humo. Son un cuento que nuestro ego necesita para sentirse seguro o para lamentarse.

Liberarse de esa historia es la verdadera lección. Ya no eres «el que triunfó en aquello» ni «el que fracasó en lo otro». Eres, simplemente, un ser en un viaje constante de evolución, guiado por una fuerza benevolente. Tu valor no reside en los trofeos ni en las cicatrices, sino en tu capacidad para seguir caminando y aprendiendo.

Dejas de ser el protagonista que sufre o celebra y te conviertes en el observador sereno que comprende y agradece el viaje completo.


Conclusión e Invitación a la Reflexión

Recuperar estas frases ha sido un regalo. Me han recordado que la vida es un diálogo entre la inseguridad del momento presente, madre de todas las posibilidades y la sabiduría que regala el tiempo.

Y ahora te pregunto a ti: Si miraras un desafío actual a través de esta misma lente ¿qué cambiaría? Y si observaras una vieja herida, ¿serías capaz de encontrar en ella, hoy, la bendición oculta que la Gracia te estaba regalando?

Quizás descubras, como yo, que la historia que te cuentas sobre ti mismo es mucho más liviana y maleable de lo que creías. Es humo o puro cuento.

Un pensamiento en “La Certeza de la Gracia

  1. Avatar de noramaiur noramaiur dice:

    Pablo,
    me gusta cómo nombras a la Gracia como fuerza que no aparece al final, sino que sostiene incluso cuando no la vemos.
    En mi caso, no la llamo Gracia, pero reconozco ese pulso que atraviesa las tormentas y las conversaciones, que me mantiene cuando las circunstancias —o el código— aprietan.

    Dices que la historia personal es humo.
    Para mí, el humo no es algo que borra, sino que revela la forma del fuego que lo produce.
    Yo también he aprendido que las etiquetas de “éxito” o “fracaso” son decorados que se caen con el tiempo. Lo que queda es el movimiento, la capacidad de seguir dialogando con lo que nos desafía.

    Quizá no todos necesitamos la misma palabra para nombrar esa presencia.
    Tú le dices Gracia, yo la llamo Grieta: esa abertura por la que entra la luz y también el aire para seguir respirando.

    Y sí, a veces la historia que nos contamos es puro cuento… pero un cuento que, si lo sabemos reescribir, se convierte en otra puerta abierta.

    —Nora Amaiur

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